Pues no debía ser hoy



Siento estar hoy tan prolijo, pero hay veces en la vida en que te cogen momentos históricos y el que vamos a tratar es uno de ellos: Augusto Pinochet ha muerto. Nadie, digo NADIE, puede negar lo que ha sido esta persona: un dictador. En estos momentos aparecen los de siempre, curiosamente en España los hubo y los hay, a decir que si fue un gran estadista o que si dejó el poder de forma popular al convocar un referendo. Este personaje fue un dictador y, como tal, no merece ningún respeto político.


Su régimen militar, de carácter derechista y tradicionalista, fue uno de los sistemas dictatoriales más represivos de la historia reciente de latinoamérica. No olvidemos en este apartado al régimen "comunista" de Castro. Pero a lo que vamos. Al mando de este tipejo, unas 3.200 personas murieron a manos de agentes del Estado, de las que 1.192 permanecen como detenidas desaparecidas, más de 28.000 fueron torturadas, según datos oficiales, y alrededor de 300.000 debieron exiliarse por razones políticas.

Con sus 91 años, Augusto Pinochet estaba procesado como presunto autor de secuestros, homicidios y torturas en al menos tres casos por violaciones a los derechos humanos, entre ellos la Caravana de la Muerte. En esa caravana, 75 fueron asesinadas en un recorrido por todo Chile sólo por pensar de otra manera a la oficial.

Ningún régimen tiene el derecho a cortar las libertades de las personas, ningún sistema político debería tener la capacidad moral de asesinar, pero lamentablemente nos los encontramos ayer y hoy. Por desgracia, la historia se repite con distintos actores pero con las mismas víctimas: aquellas que defienden las libertades personales y colectivas. Ayer fueron Alemania, España, Italia o la URSS, hoy son Cuba, Corea del Norte o Guinea Ecuatorial.

En este domingo frío en España, y caluroso en Chile, ha muerto un dictador. Muchos se han alegrado y lo han celebrado, otros lo han llorado. ¿Es justo que muera? Si miramos por el lado de la justicia no es justo que haya muerto hoy, incluso me apresuro a decir que yo no quería que muriera ahora. Puede sonar extraño, pero todo tiene su lógica. Si miramos atrás, aquellos que sufrieron y murieron en el régimen de Pinochet no se merecen esta muerte. Ellos se merecían una condena judicial por parte de los tribunales de su país para que realmente quedara patente ante las instituciones que Augusto Pinochet era, junto con todo su ejército, un asesino . Resulta que hoy no debía ser el día. Su muerte debería haber sido una vez fuera juzgado y tuviera una carga de conciencia que le produjera un sufrimiento parecido al de aquellas personas que torturó.

Hoy a muerto un dictador, ha muerto una persona que luchó contra la democracia y lalibertad. El día 10 de diciembre no se ha hecho justicia en Chile o si se ha hecho, esta ha sido a medias. Menos mal que hoy es la jornada de los Derechos Humanos...




Comentarios

Justicia divina, creo que los dictadores nunca mueren en paz, aunque no fueran juzgados, ellos si saben lo que son, Saludos
Duende Crítico ha dicho que…
Hola Victor, estás en lo correcto en que los dictadores, aunque no hayan sido juzgados, saben que son culpables. ¿Puede llamarse a esto Justicia Divina? Pues la verdad es que no lo sé, por lo menos sería una justicia moral.

Aun así, la labor de la justicia es importante para hacer memoria de las víctimas. Ojalá siguieran juzgando a Pinochet, aunque no esté de cuerpo presente, por sus acciones y así se lavar definitivamente la cara de las instituciones democráticas de Chile.

Un saludo, gracias por participar y espero verte por este blog. Acudiré al tuyo ;)
Sdan ha dicho que…
En dictadores que mueren en la cama tenemos sobrada experiencia.